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Carta abierta – El ojo vago se tiene, pero el parche se sufre.

ojo vago y estrabismo

Cuando llegan a nuestro centro de terapia visual pacientes con ambliopía, o estrabismo, siempre les recomiendo la lectura del libro de Pilar Vergara: “Estrabismo y ojo vago, mitos, leyendas y verdades”.Y esto lo hago con independencia de la decisión que tome el paciente sobre si realizar o no terapia; lo hago porque quiero que tengan la oportunidad de saber lo que implica ponerle, o no, el parche a su hijo; que sepan que la plasticidad cerebral no acaba a los 7 años; pero, sobre todo, para que tengan elección, porque sin conocimiento no pueden elegir.

Esta es la vivencia de una paciente que ha leído el libro hace poco y con la que apenas he comenzado tratamiento. Su testimonio describe tan bien cómo se sienten la mayoría de los pacientes que le he pedido permiso para compartirlo en el blog:

“Querida Pilar:

He leído su libro a través de Berta Entrambasaguas, que es mi terapeuta visual. He llorado mucho con su libro, llanto de ese de tener el nudo en la garganta. Para mí la terapia empezó con él, incluso antes de empezar a leerlo, sólo con saber que alguien ya se estaba preocupando y ocupando de tantos niños sufridores del parche.

Porque el ojo vago se tiene, pero el parche se sufre.

Yo empecé a “meter” el ojo, según cuenta mi madre, después de estar muy enferma con tres años. Ahora sé que es porque me salté una etapa en el desarrollo. Mi hermana me ha dicho que no recuerda haberme visto gateando.

He pasado muchas horas en la sala de espera de oftalmología del antiguo Hospital del Móstoles con las pupilas dilatadas, muchas horas, demasiadas para cualquier niña. He ido a curanderas a kilómetros de casa muchas veces; a sesiones de acupuntura tres veces por semana al salir del colegio, en la parte de atrás de la furgoneta de trabajo de mi padre, durante muchos meses; he llevado parche; me han echado gotas; he llevado gafas que abultaban más que cara de muy pequeñita. Un auténtico peregrinaje que, supuestamente, acabó cuando me operaron a los 13 ó 14 años, iba al instituto ya.

Pero yo no he visto nunca en tres dimensiones. Mi ojo vago sigue siendo vago y la visión periférica de mi ojo vago sigue siendo muy débil.

Gracias a Berta y a su libro sé que es algo normal porque, aunque a nivel estético no se me note, nadie nunca ha enseñado a mis dos ojos a convivir con la mirada. El ejemplo del hermano abusón y del hermano sumiso de su libro me parece súper acertado.

He sido una niña a la que regañaban mucho en casa cuando se daba golpes o se le caían las cosas al suelo. Fui etiquetada desde muy pequeña de torpe, despistada o manos de mantequilla. Yo me sentía insegura, sentía que mis reflejos eran malos. Ahora sé que lo que me pasaba es que no veía bien.

Mi niña interior se siente abrazada y comprendida y le quiero dar las gracias por eso. Podría enumerarle infinitas situaciones de sufrimiento, incomprensión y soledad que arrastraba desde pequeña por culpa del estrabismo.

Hoy en día, y aunque jamás llegase a ver en tres dimensiones y mi visión no mejorase un ápice, quiero que sepa que ha hecho una labor sanadora espectacular conmigo. Me siento muy reconfortada y comprendida y, sobre todo, feliz porque sé que, gracias a su labor profesional, muchos niños van a ahorrarse el calvario por el que yo tuve que pasar. Leer su libro ha sido muy balsámico para mi y, por lo tanto, de manera indirecta para mi familia.

Sé que soy muy afortunada de tener a Berta trabajando conmigo, estamos con Syntonic y tengo confianza plena en ella, es una gran profesional; se nota que siente mucho lo que hace y eso, en gran parte, también debemos agradecérselo a usted.

Muchas gracias y espero que siga adelante, es una pionera. Muchas gracias de corazón”.

“Cuando quieras emprender algo, habrá mucha gente que te dirá que no lo hagas; cuando vean que no pueden detenerte, te dirán cómo tienes que hacerlo; y cuando finalmente vean que lo has logrado, dirán que siempre creyeron en ti”.

Mirian del Olmo Moreno
Trabajadora social colegiada